jueves, 10 de marzo de 2011

Jugamos a emprender

La primera vez que oí la palabra emprendedor usada como calificativo y no como verbo, fué de boca de un antiguo colaborador para definir mi trayectoria y mis intenciones. Me gustó como sonaba, por fín podía hacer aquello que quería y ser quien era de un modo, digamos, más serio, más ordenado, más creible.

Suena mejor presentarse como Guillem, varón emprendedor, que no decir varón inquieto, aunque a efectos prácticos os garantizo que es lo mismo. Sobretodo funciona si queremos impresionar a terceros y más aún si queremos conseguir algo. Es una lástima, pero forma parte del proceso.

Parece que ser emprendedor te da una licencia especial para probar y hacer cosas distintas, que a simple vista no tienen un nexo común demasiado claro y, que probablemente, estén basadas en varias derrotas o fracasos o, como ahora les gusta decir a los nuevos ricos, basadas en alguna experiencia que les arruinó por completo.

Ahora está de moda ser emprendedor, los organismos oficiales simulan ayudas a este colectivo, los medios no dejan de mostrarnos ejecutivos emprendedores que triunfan con sus negocios punteros, los bancos crean líneas de crédito específicas, etc. Es perfecto!! Bueno, perfecto para el que emprende y decide alquilar un despacho de más de 500 metros cuadrados en el 22@ donde ubicar la central de su empresa de placas fotovoltáicas, porqué para el que emprende para alquilar un local de 100 metros cuadrados en la periferia para abrir una tienda o un bar, para ese, para el que hipotecará su paro capitalizándolo para sufragar los costes iniciales, para el que tributará como autónomo poniendo en jaque su jubilación, para el que tendrá que avalar su negocio con sus propios bienes por si algo va mal, para ese, las puertas todavia estan cerradas.

Nadie querrá asesorarlo más de la cuenta, ningún banco y ninguna subvención le capitalizarán su proyecto, en ninguna feria de emprendedores querrán escuchar sus ilusiones, en casi ningún canal de televisión querrán explicar como logro montar un negocio desde cero, pasará desapercibido como el 90% de sus iguales, este 90% que nos venden fruta, carne, tornillos, bombillas, periódicos, cafés, ropa, zapatos, pneumáticos, etc., los que realmente hacen que la vida siga adelante.


Casualmente ayer su publico la lista de Forbes. Acojonantemente injusto, aunque aplaudo timidamente ciertas acciones como las que llevan a cabo tipos como Bill gates y Mr. Warren, de dar un 30 o 40% de su fortuna en vida a fundaciones y onegés.

No me llaméis emprendedor, dejarlo en inquieto.

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